
31 Jul Los peligros de la automedicación con vitaminas y suplementos
Los peligros de la automedicación con vitaminas y suplementos. La cara oculta de las vitaminas: el riesgo de la automedicación vitamínica. Cada vez más personas incorporan vitaminas y suplementos a su rutina diaria convencidas de que, al ser productos naturales y de venta libre, son completamente seguros. Sin embargo, la automedicación vitamínica puede provocar interacciones con medicamentos, reducir la eficacia de tratamientos e incluso aumentar el riesgo de efectos adversos. Conocer cuándo son realmente necesarios y consultar siempre con un profesional sanitario es la mejor forma de aprovechar sus beneficios sin poner en riesgo la salud. El doctor David Díaz Sesé del HC Marbella Hospital te lo explica detalladamente
Marbella 31 julio 2026.- En los últimos años, los suplementos alimenticios se han convertido en algo habitual en muchos hogares. Vitamina C, vitamina D, magnesio, melatonina, calcio, aceite de pescado o extractos de plantas forman parte de la rutina diaria de muchas personas. Al poder comprarse sin receta y presentarse como productos “naturales”, es fácil pensar que siempre son seguros. Sin embargo, también pueden interferir con medicamentos, reducir su eficacia o aumentar el riesgo de efectos adversos.
El problema es especialmente importante en personas que toman varios tratamientos de forma habitual, como pacientes con hipertensión, diabetes, enfermedades del corazón, alteraciones de la tiroides o cáncer. Al añadir un suplemento por iniciativa propia, pueden producirse interacciones que no siempre son evidentes.
Nuestro hígado funciona como una central de procesamiento de las sustancias que entran en el organismo. Algunos productos naturales pueden acelerar o frenar las enzimas encargadas de metabolizar los medicamentos. Un ejemplo conocido es la hierba de San Juan, utilizada para mejorar el estado de ánimo o el sueño. Esta planta puede hacer que determinados fármacos se eliminen más rápidamente y pierdan parte de su efecto, algo especialmente delicado en personas tratadas con anticoagulantes, inmunosupresores o medicamentos antirretrovirales.
También existen combinaciones frecuentes que requieren precaución. El ginkgo biloba, el ajo, el jengibre o los suplementos de omega-3 pueden aumentar el riesgo de sangrado cuando se toman junto a anticoagulantes o antiagregantes. El calcio en dosis altas puede dificultar la absorción de la medicación para la tiroides. El magnesio puede reducir la eficacia de algunos antibióticos, mientras que las megadosis de vitamina D pueden provocar una elevación excesiva del calcio en sangre, con posibles daños renales o alteraciones del ritmo cardiaco.
Antes de iniciar una suplementación es recomendable conocer los niveles mediante una analítica y valorar la dosis realmente necesaria. Más cantidad no siempre aporta más beneficio.
Las vitaminas antioxidantes también deben utilizarse con prudencia. En dosis elevadas, la vitamina E puede alterar la coagulación. En pacientes que reciben quimioterapia, las dosis altas de antioxidantes podrían interferir con el efecto buscado por algunos tratamientos, por lo que cualquier suplemento debe consultarse previamente con su oncólogo de referencia.
Una de las principales dificultades es que muchas personas no mencionan estos productos durante la consulta porque no los consideran medicamentos. Sin embargo, las vitaminas, los minerales, las infusiones y los preparados de herbolario también deben formar parte de la información clínica.
Una medida sencilla es llevar a la consulta una lista, una fotografía o incluso una bolsa con todos los productos que se consumen, indicando la dosis y la frecuencia. Así, el médico o el farmacéutico podrá revisar posibles interacciones. También conviene evitar el autodiagnóstico: el cansancio, la falta de energía o la sensación de “defensas bajas” no siempre se solucionan con vitaminas y pueden requerir una valoración médica y una analítica.
Los suplementos no son necesariamente perjudiciales. Pueden ser útiles cuando existe una indicación concreta y se administran en la dosis adecuada. La clave está en no confundir “natural” con “inofensivo”. Antes de empezar cualquier producto, especialmente si se toma medicación diaria, lo más seguro es consultarlo con un profesional sanitario. Una pregunta a tiempo puede evitar que algo pensado para mejorar la salud termine interfiriendo con ella.

